lunes, 25 de julio de 2011

Se fue una semana

Ya pasó una semana de vacaciones y empieza la cuenta atrás. De momento las vacaciones son como pretendía que fueran, tranquilas, sosegadas y llenas de momentos para leer, escuchar música (¡Offenbach mola!), leer tranquilo y entendiendo cuatro palabras de cada seis, ver buena ficción televisiva y cinematográfica (que en según qué casos se confunde... y mucho). También me ha servido para retomar el contacto con una antigua compañera de universidad, casi lisiar para el resto de las vacaciones al insustituible Capitán Chistorra (es lo que tiene visitar la casa de un archienemigo que a veces pecas de inocente, alma de cantaro) y hacer dos o tres cosas más que no puedo mencionar porque son ilegales en algunos países y tampoco es cuestión de preocupar a mi madre.

Entre lo que sí puedo contar.

Me he acabado Stone Juction. Gran novela. Extraña y difícil en el buen sentido de la palabra. Es uno de esos libros que te demuestran lo mucho que queda por leer. Entretenido, divertido, paródico, triste, denso, ligero. ¿Recomendable? Pues, hostias,  no lo sé. Me cuesta recomendarlo porque entendería que alguien me dijera que no le ha gustado o, incluso, que le ha parecido una tomadura de pelo. Para mí, Jim Dodge se ha convertido en uno de esos autores si no imprescindibles, sí importantes. Aunque esto ya lo sabía después de leer esa maravilla que es Fut. Investigaré si hay algo más de este autor traducido en nuestro país. Mi parte favorita es toda la segunda  sección... el viaje iniciático del protagonista y su paso por tantos maestros. Momentos delirantes.

Visionado de dos películas que hacía la tira de tiempo que había visto. Darkam y Arizona Baby.


Con la primera no puedo ser objetivo. Una sonrisa de imbécil me acompañó todo el visionado. Es que está película de Sam Raime está en mi origen como ser culturalmente disperso. Mi amor al monstruo y a los diálogos acartonados (¡qué mierda de diálogos en la ¿pelea? en el rascacielos a medio construir! ¡Y yo tan contento!) Un cómic entendido como espectáculo y no como estudio de la psicología de los personajes o las contradicciones del superhéroe. Cine de los noventa. Exagerado y cutre. Malos imposibles. Diálogos forazados. Pero con un encanto irresistible. Con los monstruos de la Universal y La sombra y los vengadores anónimos y la música de Danny Elfman repitiendo lo que ya había hecho en Batman, y lo alto que es Liam Neeson y esas "tengo otras siete razones". Cine de superhéroes y serie B.  Llamadme, Darkman. Jo, como mola.

Y con la segunda... pues muy poca gente puede hacer este tipo de películas con este humor, estos personajes y estos gags y no caer en la chorrada. Los Coen bordean y salen triunfadores. De aquella época en la que Nicolas Cage sabía actuar (¿qué le ha pasado?) y elegía sus papeles con tino (en serio, ¿qué le ha pasado? Que este tío hizo Corazón salvaje y sí, a mí me gusta, qué pasa). Mi escena es la visita del jefe de Nicolas Cage con su mujer y sus monstruos por hijos. No es exagerado. Hay gente así.

Y tengo una idea rondando la cabeza para escribir... Reconozco mi deuda (no monetaria) con uno de los clientes de la librería que me insiste en el mismo tema... trabajando en la mente... algo de no más de ciento cincuenta páginas puede salir de eso.

Por cierto, que Niño Lobo ya se ha comprado su primer cómic de superhéroes con el que dice que empieza su biblioteca personal. Green Lantern. No sabe leer imprenta todavía, pero se queda embobado con los monstruos, las tortas, las batallas y las muchachas escotadas. Vamos, que lo tiene todo para que en unos años nos salga friky. Y sí, voy a llevarlo a ver la película. Y desde ya intuyo que se lo pasará teta y yo, bueno, lo intentaré... lo que hecho de menos esa mirada desprejuiciada de cinco años ante el cine espectáculo.

Por cierto, Elliot Goldenthal es la leche puta en vinagre.


Que ya lo sabía, pero no está mal recordarlo.

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